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¿Existen emociones buenas y malas?

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Por Alejandra Cervantes.

«Las emociones forman parte de nuestra vida cotidiana. Aparecen cuando vivimos experiencias, enfrentamos situaciones, convivimos con otras personas e incluso cuando recordamos algo que nos ha sucedido.»

Pero, ¿alguna vez te has preguntado si existen emociones buenas y emociones malas?

La realidad es que las emociones, por sí mismas, no son buenas ni malas. Todas cumplen una función y, de alguna manera, nos ayudan a relacionarnos con nuestro entorno y a responder ante lo que vivimos.

Las emociones tienen una función

Las emociones cumplen diferentes propósitos en nuestra vida. Algunas participan en nuestra supervivencia, ayudándonos a detectar situaciones que requieren nuestra atención y movilizando nuestra conducta para responder ante ellas.

También tienen una importante función social, ya que nos permiten comunicar nuestros estados afectivos a otras personas y facilitar nuestra interacción con los demás.

Por ejemplo, el miedo puede ayudarnos a reconocer que existe una situación que percibimos como amenazante y prepararnos para responder ante ella. El enojo puede aparecer cuando sentimos que nuestros límites han sido sobrepasados o cuando percibimos una situación como injusta.

Esto no significa que siempre reaccionemos de la manera más adecuada cuando experimentamos una emoción. La emoción y la conducta que elegimos a partir de ella son cosas diferentes.

¿Entonces por qué algunas emociones se sienten “mal”?

Aunque las emociones no sean buenas o malas, sí pueden resultar placenteras o displacenteras.

La alegría, el entusiasmo o la tranquilidad suelen asociarse con sensaciones agradables, por lo que generalmente buscamos experimentarlas.

En cambio, emociones como el miedo, la tristeza o el enojo pueden generar sensaciones incómodas. Nuestro cuerpo puede experimentar cambios físicos, como tensión, aumento de la activación o sensación de alerta.

Y quizá por eso hemos aprendido a pensar que unas emociones son “buenas” y otras son “malas”.

Pero sentir algo desagradable no significa que esa emoción sea negativa o que debamos evitarla.

Una emoción incómoda también puede estar tratando de mostrarnos algo que necesitamos atender.

Las emociones no siempre aparecen solas

Además, las emociones pueden ser mucho más complejas que simplemente nombrarlas.

En ocasiones podemos experimentar diferentes emociones al mismo tiempo o pasar rápidamente de una a otra dependiendo de lo que estamos viviendo.

Podemos sentir alegría y confianza, y experimentar una sensación de amor o conexión. Podemos sentir miedo ante algo inesperado y entrar en un estado de alarma. También podemos experimentar emociones como la angustia, el arrepentimiento o la vergüenza dentro de una misma situación.

Por eso, identificar una emoción no siempre es tan sencillo como decir “estoy triste” o “estoy enojado”. A veces necesitamos detenernos un momento y preguntarnos qué estamos sintiendo realmente.

¿Qué podemos hacer con nuestras emociones?

Las emociones forman parte de nuestro día a día y aprender a reconocerlas, comprenderlas y regularlas puede convertirse en una herramienta muy útil.

No todas las personas sentimos ni reaccionamos de la misma manera ante una misma situación. Lo que para alguien puede generar miedo, para otra persona puede producir curiosidad; lo que para alguien puede resultar triste, para otra persona puede provocar enojo.

Por eso, más que aprender a eliminar o evitar determinadas emociones, puede ser útil comenzar a observarlas:

¿Qué estoy sintiendo?
¿En qué momento apareció?
¿Qué estaba sucediendo cuando apareció?
¿Qué me está intentando comunicar esta emoción?
¿Y qué puedo hacer con lo que estoy sintiendo?

Las emociones también son transitorias. Aparecen, recorren nuestro cuerpo y, con el tiempo, cambian. Algunas pueden permanecer más tiempo que otras, pero ninguna emoción define por completo quiénes somos.

Quizá entonces la pregunta no sea “¿cómo dejo de sentir esto?”, sino:

“¿Qué está intentando decirme esto que siento?”

Aprender a escuchar nuestras emociones no significa dejar que ellas decidan por nosotros. Significa reconocerlas como una fuente de información que puede ayudarnos a comprender mejor lo que vivimos y a responder de una manera más consciente.

Porque quizá no existen emociones buenas o malas.

Existen emociones que nos hablan de lo que estamos viviendo. Y aprender a escucharlas también es una forma de conocernos.

Fuentes consultadas

– Six Seconds: The Emotional Intelligence Network.
– Irma Ahumada, Conciencia Saludable, Universidad de Chile.

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